Ha pasado más de un año desde la ultima vez que intenté escribir, la entrada que quise hacer se titulaba "Sería mejor si tuviera fe", la verdad me faltaron pantalones y valentía para publicar lo que ahí decía y no por que no fuera cierto, solo sabía que no quería leer los consejos de nadie, tenía rabia, muchisimo dolor acumulado, fueron momentos difíciles que antecedieron muchos cambios, todos a la vez. Lo que descubrí de toda esta crisis que nos sacudió como familia, es que no me gusta que me vean débil, no me siento cómoda siendo vulnerable públicamente, así que me encerré de nuevo en mi coraza de mujer maravilla y silencié a la mamá de Mateo para darle voz a Patricia, tenía que sanar y reinventarme nuevamente.
Les resumo la crisis para que no digan que les estoy contando a medias, como muchos de los que me conocen o en algún momento me han leído saben que una de las principales razones para vivir en Estados Unidos es que mi hijo Mateo tenga acceso a educación especial de calidad debido a su diagnostico de Autismo y que conseguimos estar acá por que la compañía de mi esposo lo transfirió y nos apoyó muchisimo en su momento, pero como en la vida no hay nada estable, la empresa perdió varios de sus clientes y a mi esposo le dijeron que debía devolverse a Colombia, a menos que otra compañía decidiera patrocinar su visa de trabajo, comencé a buscar colegios para Mateo y ninguno ofrecía algo similar a lo que el tenía acá, las opciones que medio me gustaban eran carísimas y ni trabajando los dos era viable, la mejor opción de educación especial estaba en Montería pero no había trabajos para mi esposo en la ciudad, pusimos en venta nuestra casa en Massachusetts, la que habíamos comprado llenos de ilusiones, a pocas cuadras de la escuela de Mateo y que adorábamos. Mientras tanto mi esposo seguía con la esperanza de que una empresa se fijara en el y le ofreciera una oportunidad. No se imaginan el dolor y el miedo tan grande que yo sentía, era como estar en medio de un sueño horrible, con ganas de gritar, mirando a mi hijo aterrada de llegar a Bogotá en donde la palabra autismo la usan para denigrar a las personas, donde creen que los individuos con autismo son bobos o retardados, incluso la usan para ofender, ya lo único que me faltaba era Freddy Krueger para confirmar que esa vaina era una pesadilla sin fin. Faltando dos semanas para nuestro regreso y luego de haber conseguido vender la casa; un viernes a las cinco de la tarde, una de las empresas más grandes de USA llamó al celular de mi esposo y le ofrecieron un trabajo, no le hicieron entrevista, solo querían que comenzara la siguiente semana y ofrecieron no solo patrocinar su visa, si no patrocinar también el proceso de residencia permanente, con muchas oportunidades para el en su carrera (por supuesto la escena fue de película, nos abrazamos a llorar de la felicidad, se sentía tanta euforia en ese instante), el único problema era que teníamos que dejar nuestro querido pueblito en Massachusetts y mudarnos corriendo a Pittsburgh (Pennsylvania) y así lo hicimos.
Así resumido suena fácil, pero fueron meses terribles, llenos de mucha desesperanza porque tanto mi esposo como yo planeamos todo alrededor de Mateo, el es nuestra gran obra en este mundo y todo lo mejor de nuestro ser es para el.
Así pues se me pasaron los días, meses y mas de un año en los que dejé de lado la intención principal de mi blog que era compartir la experiencia de criar un niño especial, fuera de tu país, en otro idioma, alejados de la familia y amigos. Lo que me duele profundamente de haberme encerrado de nuevo en mi, es que no estuve ahí para apoyar a muchas mamás que se pusieron en contacto conmigo por que se sentían identificadas con mi historia.
Quería volver a escribir pero no estaba segura, comencé a dudar de mi misma, pensé en dejar el tema del autismo atrás, pero me di cuenta que no sería justo, porque se lo debo a las familias que apenas se están enfrentando con el diagnostico que es la parte más dura del proceso, se lo debo a las mujeres que en el grupo de apoyo me abrazaron así no entendieran mi idioma y lloraron conmigo por que a pesar de las barreras de la comunicación, ellas sabían exactamente lo que yo estaba sintiendo, se lo debía a Seval Deniz y Dzintra Zielinski, quienes quizá no tienen idea de como su apoyo me mantuvo en pie, me dieron la fuerza y la esperanza que necesitaba para salir del duelo en el que estaba para poder ver la vida como algo lleno de luz y felicidad a pesar de los problemas.
Así que hoy volví, espero que me lean, me pregunten y me compartan sus inquietudes, estoy preparando una próxima publicación sobre el aislamiento emocional y social de las madres de niños autistas.
Perdón por la demora.
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